Kvaser hincha ruletero por opción y tradición, vuelve para relatar como vivió la increíble clasificación a semifinales del equipo de don Nelson.
El sábado pasado, a insistencia de ese hincha furibundo de la ruleta que es mi hermano, accedí a ir a Sausalito, para una vez más ver en vivo a Everton de Viña del mar. El desenlace es por todos conocidos, los oro y cielo jugaron pésimo, sin explosión, sin ideas, sin efectividad, y Audax, apelando a un esquema ordenado y especulativo, concretó las tres que tuvo. Después de esa fatídica tarde todos daban por muerto al equipo ruletero, incluso sus hinchas, de hecho muchos de ellos decían que se conformaban con haber llegado a playoffs.
Pero ahí apareció otro hincha, mucho más experimentado en estas lides: mi viejo. Choreado y todo con la goleada a domicilio, aunque acostumbrado después de años de la misma weá, seguía optimista y sonriendo me decía “se han visto muertos cargando adobes”, jurando que en la vuelta se podía revertir el marcador tan expresivo. Yo, incrédulo, ni lo pesqué.
Miércoles en la tarde. Everton sale a la cancha contra un Audax confiado por su amplia ventaja de tres goles y la previa no podía ser menos auspiciosa, pues Cristian “fido” Uribe y Jaime Riveros no podían jugar, quedando el equipo casi sin mediocampo. Pero faltaban esos noventa minutos de gloria.
Sin sus volantes titulares, Acosta apostó por un juego más rápido frente al parsimonioso Audax, un equipo jactancioso, con un entrenador soberbio en su victoria, confiado en que la victoria de la ida les bastaba. Y la fórmula resultó, ya al primer minuto Miralles se perdió un gol cantado, pero sobre los veinte, un penal convertido por Canío pondría algo de justicia y llevaría a ambos equipos al descanso con un 1-0 que daba pie a una tenue esperanza para el complemento.
El comienzo de la segunda fracción trajo otro aire sobre Santiago, los relatores de cierta radio capitalina ya no estaban tan alegres dando por vencido a Everton, que salió a jugársela toda, con Miralles que ya se había perdido dos goles
hechos, pero que saldaba su deuda anotando un 2-0 que dejaba el partido totalmente abierto.
Y cuando Audax anotaba ese descuento que volvía a hundir a los viñamarinos, no pasarían más de cinco minutos para que Canío pusiera las cosas en orden y anotara de inmediato el 3-1. Quedaban menos de quince minutos y muchos ya comenzaban a recordar como, en la misma instancia del torneo anterior, Audax se cagaba entero al ser eliminado por la U de Conce, en una llave donde también los daban por seguros ganadores.
Así llegaron los descuentos. Minuto 46, Miralles para Gigena, este para Oviedo, remate del defensa disfrazado de ariete y goooooooooooooooooooooool ¡4-1 y Everton clasificado! La cara de Toro lo decía todo, ahí quedó la soberbia con la que hablaba hace cuatro días y Audax se graduaba como equipo cagón.
Y con el pitazo final, siendo testigos de la hazaña evertoriana, con mi hermano nos acordábamos de la frase premonitora: “se han visto muertos cargando adobes”. Qué mejor epitafio para un equipo que salió a perder frente a otro que sólo quería ganar.
Imagen desde Everton Chile.cl