Durante este periodo el Guatón Balón de Oro “lo único que podía hacer era mirar la televisión, y cuanto más miraba los partidos sentado en el sillón, más triste me ponía”. Tan mala pasada le jugó la lesión al ‘crack’ brasilero, que aunque contaba con toda la ropa que le prestaba la familia, las malas lenguas le tiraron encima al hermano y dealer representante, Robertinho, con pelambres del calibre de estar con él “sólo por el mardito dinero”.
Sin saber “qué hacer para ponerle remedio” a su paso de ídolo a villano e identificándose con Maradona en el tránsito por la polémica blaugrana, se defendió como gato de espaldas ante las acusaciones que lo perfilaban como un Pinilla brasilero: “cuando estoy de vacaciones hago lo que quiero”. Y cuando lo apuntaron como una mosquita muerta con su sonrisa Pepsodent, dijo que no era falso, sino que “no quiero pesar en los otros problemas míos”.
Si no entendió un carajo: MARCA