Son 34 años, el tiempo pasa y el cuerpo no es el mismo, arrugas más, arrugas menos, lo único que sigue intacto es la estirpe de goleador, de matador de sangre fría.
Marcelo Salas está pronto a retirarse de la actividad profesional, en su querida Universidad de Chile, las vueltas de la vida hicieron que el joven que llegara de Temuco en el 94 debutara con Arturo Salah en la banca, el mismo con el cual se despide hoy, particularmente ambos toman la decisión de partir, pero uno por la puerta mucho más ancha que el otro.
En la carrera de Salas hay muchos momentos por destacar, títulos importantes como la Supercopa del 97 que vino de la mano de un doble campeonato en el apertura y clausura del mismo año en Argentina, sumado al titulo del mejor jugador de América que entrega el periódico uruguayo El País.
Le pido a mi memoria que viaje por los años que lo vi brillar en Europa, cómo olvidar el glorioso gol convertido en la catedral del fútbol, el mismísimo Wembley se arrodilló ante aquel muchacho que vestía la camiseta número 11 y que no dejó caer el balón después de un pase de 60 metros del ´Coto` Sierra par convertir uno de los goles más lindos que haya visto la Roja, dicen algunos que Sol Campbell, defensor inglés, aún sigue perdido en los amagues del Matador.
Del recuerdo también son los campeonatos con la Lazio, de aquel equipo que jugaba de memoria bajo las ordenes del sueco Eriksson, de Nesta para Nedved, la tocaba Mancini quien combinaba con Vieri que asistía al Matador, casi siempre la pelota terminaba en gol, un equipazo, donde consiguió dos Supercopas, un campeonato de Serie A, una Recopa y una Supercopa, en todas siendo la máxima figura.
Quizás aquel fue la última vez que veríamos a Salas en su máximo esplendor, luego vendría la maldita lesión sufrida en la Juventus quien pagó 25 millones de dólares, poco pudo demostrar en Turín, la rotura de sus ligamentos de la rodilla derecha hicieron que hoy no hablaramos del mejor del mundo, aún recuerdo la expresión de dolor en el rostro de Salas, como si supiera que de allí en más no volvería a ser el mismo.
El sueño de triunfar en la Vecchia Signora ya era parte del pasado, aún amparado en su gran nombre volvió a su segundo hogar después de la U, a River Plate, “La vuelta del Matador” se anunciaba en el estadio, como si de una plaza de toreros se llamara a los asistentes.
Pero Marcelo venía en baja, su curva descendente era evidente y las lesiones acrecentaban el mal momento, pese a todo logró conquistar el clausura del año 2003 y una final de la Sudamericana perdida ante Cienciano de Perú.
Los hinchas de River sabían en sus corazones que eran los últimos cánticos de su querido “Shileno, Shileno” que se escuchaban en el Monumental de Nuñez, el Matador emprendía la retirada, hacía la U. de Chile, a sus origines, un capricho que sólo los grandes pueden darse.
En la selección las cosas son similares, Salas estaba retirado, automarginado hasta la llegada de Bielsa, quien ante la pregunta de los periodista acerca de un posible retorno del Matador a vestir la Roja, el ´Loco` más cuerdo que nunca dijo: “Admiro su pasado y respeto su presente”.
Fueron las palabras exactas que Salas necesitaba oír, al igual que cuando tenía 20 años y debutaba con un gol ante una selección Argentina con Maradona en cancha, el Matador se puso a la orden de Bielsa.
En el proceso rumbo a Sudáfrica que aún disputamos, Salas se puso el traje de overol y junto al equipo con el promedio de edad más bajo se encargó de acrecentar su figura, convirtió dos tantos que lo ratifican como el máximo goleador histórico de la selección chilena con 37 goles, quedando sólo a 1 tanto del goleador histórico de las eliminatorias que es Hernán Crespo con 19 goles.
Tras la derrota de La U. de Chile ante Cobreloa, pudo haber sido el último partido de Salas en el profesionalismo, es un rumor que crece con fuerza, el regalo que Salas les hizo a los hinchas de la U, besando la camiseta y lanzandola con su alma significan algo.
El resto es sólo historias y estadísticas, Salas inteligente como siempre, certero a la hora de definir en el área con la sangre fría de un Matador se anticipó una vez más al resto, quiere dejar el fútbol antes de que el fútbol lo deje a él.
Es la historia del Matador Salas, con 16 títulos en toda su carrera, con un promedio de medio gol por partido, un grande con todas sus letras, si el destino desea que se cierre una etapa, muchas serán las páginas que hablen de José Marcelo Salas Melinao en la historia del fútbol mundial.