
Hace unos días para el partido del mundial femenino sub 20, de Francia vs Argentina, aproveché de llevar a mi hijo (de 4 años) por primera vez al estadio. Así que emprendimos el viaje al estadio municipal de la Florida, a vivir una experiencia inolvidable. Me animé principalmente ya que el espectáculo aseguraba tranquilidad para ir con pequeños, incluso muchas familias fueron con sus guaguas en coche, mamás y papás con sus pequeños, en fin, una fiesta deportiva familiar y de primer nivel.
Ver a un niño disfrutar y gozar con cada novedad que le ofrece un recinto hasta ese momento desconocido, donde los gritos, los ohhhh que el público saludaba alguna lucida jugada, y los gritos de los goles, hacían que sus ojitos y su carita se llenara de novedad y alegría.
Y automáticamente recordé como hace 30 años, yo viví exactamente lo mismo. Mi madre me llevó al Estadio Nacional, a el último partido del campeonato, donde Palestino se tituló campeón del año 1978, al ganar ese encuentro a Colo Colo por 3 goles a 1. Del resultado y de jugadas no recuerdo casi nada, pero si de los colores, de los sonidos, de la fiesta que hizo Palestino al terminar el partido.
Todos tenemos nuestro propio recuerdo, nuestra impronta, nuestra huella indeleble, de nuestra primera visita a un estadio. ¿Recuerdas la tuya?