
Inauguramos esta sección, dedicada a lo que es toda la tecnología e infraestructura aparejada al mundo del Tenis y la repercusión que han tenido para el desarrollo y modernización del mismo. Hoy hablaremos del odiado amado sistema del “Ojo de Halcón” o Hawk-Eye (en honor a la tremenda capacidad visual de este animal)…

Origen
Este sistema informático, fue creado en el Reino Unido en 2001, por dos ingenieros bajo el alero de una empresa dedicada al rubro de los sensores y telecomunicaciones (Roke Manor Research Limited), pero que hoy es continuada la patente por una empresa independiente, llamada Hawk-Eye Innovations Limited, que es la que la ha perfeccionado y llevado a varios deportes aparte del tenis, como es el críquet principalmente.

¿Qué es el Ojo de Halcón y cómo funciona?
Específicamente es un sistema computacional, que genera una determinada imagen de la trayectoria que realiza la bola, en base a cálculos de triangulación que le es proporcionado por imágenes obtenidas por cámaras de video (en tenis son 8 cámaras que captan imágenes a alta velocidad), cubriendo las distintas líneas de la cancha, procesando y obteniendo en definitiva el cálculo de la posición de la pelota al caer, su trayectoria, velocidad y además la deformación sufrida por el impacto, que en definitiva determina muchas veces por milímetros el IN o OUT.

Sus creadores afirman que el margen de error de todos estos datos, no es mayor a los 2 o 3 milímetros, sirviendo además para entregarnos datos del patrón de servicios de cada jugador, en razón a su saque.
Su incursión en el Tenis profesional
Su origen data del año 2005, en que la ITF (Federación Internacional de Tenis) testeó la cámara y los datos del sistema, aprobándolos para su uso en torneos profesionales (los Grand Slam fundamentalmente, que son organizados por este organismo), en razón a los constantes reclamos que se daban en los partidos, en puntos bastante dudosos.

Así en 2006, en el Masters de Miami el ojo de halcón fue utilizado por primera vez, específicamente en el partido entre las estadounidenses Jamea Jackson y Ashley Harkleroad, pero recién en el US Open del mismo año, su integración fue tal como la conocemos hoy en día, es decir la posibilidad en el juego de desafiar al juez para que rectifique o se mantenga el canto del juez de línea (lo que se conoce como los challenger).

En 2007, el sistema fue integrado a los torneos de Grand Slam de Australia y Wimbledon, no así en Roland Garros, que dada la superficie no necesita –dice la mayoría- de algo así, siendo que muchas veces incluso en la arcilla, hay puntos y marcas dudosas.

Reglas de uso
En los torneos que se encuentra instaurado el sistema, a los jugadores se les otorga dos reclamaciones por cada set, en la cuales si acierta la posición del reclamante, sus dos posibilidades de error quedan intactas. En caso de tie break, se entrega una oportunidad más y no son acumulables.

Sus problemas y virtudes
Entre los jugadores, las opiniones son diversas, si bien Rafael Nadal y Andre Agassi se encontraron en su tiempo con claro entusiasmo a este nuevo sistema, existen detractores como el suizo Roger Federer que dice “el tenis es jugado por hombres y los hombres cada tanto pueden equivocarse”. Las opiniones así son diversas pero el hecho es que el sistema está y hay que esperar su perfeccionamiento, en razón a sus críticas suscitadas.

La gran crítica que proviene desde sus inicios es su inestabilidad para arrojar y medir datos ante ciertas condiciones, como el calor fundamentalmente, que ha producido varios resultados erróneos o no captados derechamente, específicamente en torneos en que este factor es permanente, como es el de Dubai o el GS de Australia.
Las virtudes por el contrario claro están, es una modernización del juego que ayudan a juzgar verdaderamente las caídas de la bola, evitando las constantes recriminaciones o discusiones hacia el juez, ante puntos dudosos, mejorando por otro lado, la capacidad de los mismos para evitar ser corregidos por el Ojo de Halcón.
