
Por Esteban Cox.-
Las más tradicionales y repetidas discusiones y debates que escuchamos entre los fanáticos de nuestro fútbol dicen relación, aparte de la efervescencia lógica producida por el desempeño de la selección, o los resultados de cada fin de semana, con las comparaciones entre Zamorano y Salas, el “Ballet Azul” y el mejor Colo Colo, la selección ésta o aquella. Sin duda que esta suerte de moda por comparar, confeccionar rankings y llenarnos de argumentos para sostener nuestras preferencias son parte del folklore de este deporte, y creemos se ha visto aumentada por la creciente competitividad que reina en la sociedad y ambiente actuales. Existe sin embargo un tema y en especial un nombre que resulta menos recurrente, y que de alguna manera creemos renace a partir del gran nivel técnico y rendimiento que está mostrando en forma creciente y sostenida Claudio Bravo….Nuestro tan especial Roberto “Cóndor” Rojas…y su historia, también especial, por calificarla de alguna forma.
Muchos de nosotros, por razones obvias, no tuvimos la oportunidad de ver al “Sapo” Livingstone o a Misael Escuti, y recién nombres como Juan Olivares, Adolfo Nef o Leopoldo Vallejos comienzan a sonar y aparecer en el baúl de nuestros recuerdos y en el paladar futbolístico de quienes seguimos con atención a los “héroes o villanos” que se atreven bajo los tres palos. Más cerca en el tiempo ya suenan Osbén, Toledo y Wirth…pero quien escribe estas líneas no puede olvidar ni dejar de lamentar el “auge y caída” de quien fue tal vez el mejor y más dotado de todos… Con un sentido de ubicación y anticipación naturales que ya se quisieran muchos arqueros en el mundo, y dueño de reflejos felinos que le permitían llegar donde pocos podían hacerlo, Roberto Rojas nos entregó atajadas y actuaciones memorables en su querido Colo Colo y en el equipo de todos. Copa América contra Brasil, gigantesca actuación en Lima….Era de clase mundial y lo tuvimos entre los nuestros.
Es verdad que el oscuro episodio ocurrido en el Maracaná, del cual en gran medida fue responsable, aunque no el único, enlodaron primero y terminaron después con su carrera, que resultó tener una proyección tan fugaz como la bengala aquella, privándonos de haber gozado por más tiempo de sus prodigiosas condiciones y de haber prestigiado el fútbol chileno en tierras foráneas. Sin embargo, al presenciar partidos del campeonato local y más de alguno en el resto de América y Europa, es para muchos inevitable el recordar al “Cóndor”, que no voló más alto pues más que nada él no lo quiso…. y finalmente lo perdimos.