
Un terremoto sacudió a Chile hace una semana y media y como consecuencia, además de las tristes noticias que nos cuentan de tantos muertos y damnificados, y la conciencia general de que somos un pueblo que cuando cae sabe levantarse, hubo varios días en los que no tuvimos fechas en el torneo local, lo que hizo que por consiguiente no tuviésemos ninguna especie de fútbol competitivo que disfrutar, lo que por razones obvias no era tan apremiante y por lo mismo se hizo aguantable. Hoy, de la mano de la Copa Libertadores, había llegado el día…pero este día nos decepcionó y no nos trajo más que lentitud en el campo de juego, aburrimiento en el estadio y en nuestras casas y un clásico que por prometer tanto otorgó nada o casi nada. Todo esto producto de dos clubes universitarios –U. Católica y U. de Chile, como sabrán- que salieron a la cancha del Francisco Sánchez Rumoroso a mostrar un partido que prácticamente se jugó en cámara lenta.
El partido empezó bastante flojo, con los dos equipos jugando como con cemento sobre los hombros, pero a los 19 minutos, después de pocas jugadas y nulas llegadas al arco por parte de ambos cuadros, Olivera, con uno sus típicos cabezazos, remeció las redes del arco contrario. Pero el empate católico llegó dos minutos después, cuando a los 21 Rubio se dio una media vuelta y clavó el balón inmediatamente después del gol del uruguayo. Hay que decirlo: dos tantos tan consecutivos son timadores botones de muestra para un partido tan trabado. En los minutos siguientes Montillo fue casi el único que trató de hacer algo en la U, y Damián Díaz con chispazos en la UC. De esta forma finalizó el primer tiempo. El segundo partió con la misma tónica impregnada, trayendo dentro del conjunto de los once azules un fusilero Estrada que hizo muchas faltas y desvío lejos algunos tiros, como si estuviera consternado o acallado por algo que no conocemos. Mientras que en la UC me sorprendió el bajo nivel de sus defensa, que tiene a dos seleccionados nacionales (dios nos ampare en el Mundial con Chupallita y Waldo Ponce). Así, a los 69 minutos llegó el gol para Católica, gracias a Silva que movedizo, como las manos convertidas en mantequilla de Conde, lo logró, lo cual trajo la inmediata preocupación del equipo azul. Luego, cuando faltaban menos de 10 minutos para que el partido terminara, la U empezó a jugar levemente mejor. Llegaron los descuentos (2 minutos, ¿por qué tan poco?) y Edson Puch mostró su cabecilla poderosa y logró el empate, que para los laicos fue más que una satisfacción en la suma y resta final.
En pocas palabras, el partido estuvo muy plano, demasiado plano. Pareciera que ninguna de las dos universidades -oxidadas hasta más no poder después de tantos días sin mover los pies en un partido por puntos- no hubieran querido realmente ganar el partido, como si de alguna u otra manera estuviera un contrato de por medio. Está bien, exagero, pero no me digan que las ganas de la Universidad de Chile y la Universidad Católica fueron más fuertes que las réplicas del remezón que movió a gran parte del país y que se sintieron mientras se desarrollaba el encuentro, lo que me hace preguntar: Muchachos, ¿firmaron el empate?
Esperemos que contra los brasileros de Flamengo la U, y junto a ellos la UC en su visita a Caracas, no dejen tanto que desear y levanten cabeza como nuestro país querido. El pueblo chileno y futbolero los necesita.
Por Luis San Martín.-
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