
La Universidad de Chile llegó a este partido con un insatisfactorio y sufrido encuentro sobre los hombros, en unos noventa minutos en los que ninguno de los dos cuadros universitarios jugó a ganar. Por esto, y porque los laicos realmente no partieron muy arrolladores en el inicio de la Libertadores, era preciso que el encumbramiento que han tenido históricamente los equipos brasileros, como Flamengo, se viniera abajo aunque fuese por un momento. Hoy, en el estadio del archirival y en una semana repleta de interesantes partidos nacionales e internacionales, ocurrió la esperada maravilla.
Los leones azules, al igual que los rojinegros, empezaron con leves ataques. A pesar de ello, no se notaba ninguna especie de relajo en los espíritus de los jugadores de ambas escuadras. Después de unos cuantos minutos, la U mostró fríamente la punta del iceberg de lo que se venía, subiendo poco a poco, metiendo miedo y llegando al arco cada vez más seguido. Los brasileros no se quedaron atrás, lo que no fue un gran problema puesto que en la primera media hora la defensa estuvo presente para contener al buen equipo que nos visitaba; era mejor así, había que tener cuidado con las conocidas explosiones del club del país rey del “joga bonito”. Luego de la primera mitad del primer tiempo las cosas empezaron a ponerse un poco monótonas, ya que el indeseable imperio de las pelotas largas-y-adelante se había hecho presente, lo que tampoco denegó que se hiciera manifiesto que la defensa de Flamengo de ninguna manera lo estaba haciendo mal. Así, el equipo universitario abocó todo los embistes por la izquierda del campo, por medio de nuestra querida pulguita Puch y de un Eduardo Vargas que se rebelaba con frecuencia, encuadrando al partido que se venía desarrollando en uno de los mejores para la U en esta accidentada y extraña temporada.
Llegaron los 42 minutos, y con ellos, en una alegría para todos los hinchas, el gol de cabeza del Vargas que llegó de Cobreloa, y que jugando poco ha hecho mucho. Antes del término del primer tiempo el equipo de la hinchada bullanguera siguió jugando muy bien, no durmiéndose en los laureles con el bonito tanto.
Al inicio del segundo Estrada se lesiona el tobillo izquierdo, y es reemplazado por el inocuo Nelson Pinto. Los 50 minutos, el error grotesco del arbitro y Vagner Love (menos conocido como “El Guerrillero Del Amor”), fueron un gran golpe. Fuerte, doloroso, es decir, de todo menos mortal. El partido siguió su curso, y la U permaneció cumpliendo su tarea, aunque detenido a ratos por la calidad del portero de Flamengo, quien tapaba y tapaba sin parar. A los 54 minutos Felipe Seymour –el mejor jugador del encuentro, sin lugar a dudas- se la jugó al estilo “estradiano” y venció al guardameta con un latigazo hermoso que puso el 2 a 1 verdadero, concreto y definitivo. De ahí en adelante la defensa del cuadro chileno, cuya labor aún estaba llevándose a cabo a la perfección, seguía tirando para arriba al equipo entero y produciendo gritos de ánimo y éxtasis en la galería.
El arbitraje, por su parte, seguía y seguía mostrando sus fisuras constantemente, cobrando faltas en ataque que por inexistentes llenaban de rabia a la gente azul. A los 66 minutos se va ovacionado el moreno Vargas y entra otro inocuo: el uruguayo Fernández, que sólo estuvo a punto de hacer un gol y se durmió durante lo que quedaba de partido. Para el final, Olivera salió por Rivarola y cuatro grandes minutos de descuento cerraron el encuentro, el partido se fue relajando, apagando sus motores, dando paso a la retaguardia y el mediocampo azul, los cuales terminaron finiquitando y dando broche de oro a un partido inolvidable.
Se podría decir que Flamengo jugó mal y que la U no lo hizo tan bien después de todo, pero esa sería una burda mentira. Esta noche el equipo universitario ganó bien y alegró a toda la familia azul, tuvo la fuerza para subir en la tabla de posiciones hasta el primer ansiado lugar y no tuvo temor de un equipo brasilero que se sabe que no tiene mayores problemas en minar de goles el arco contrario. De manera que este fue un partido en el cual un jugador en especial, Seymour, existió para pisar y quitar con una trepidante media vuelta el balón al emperador Adriano, simbolizando y arrojándonos como consecuencia la importancia fundamental de estas necesarias y vertiginosas dos horas.
Para terminar, una pequeña nota: que no se nos olvide Montillo…no apareció demasiado pero por todo lo que ha hecho antes y por lo que está a punto de hacer (disculpen la profecía), se le perdona.
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