Parece que hubiese pasado una eternidad entre ese globito de Montillo al arquero de Flamengo y el día de hoy. Con el Mundial de Sudáfrica 2010 entremedio, han pasado semanas en que la ansiedad, por la misma razón, ha sido mermada. Hoy era el partido de ida contra las poderosas Chivas de Guadalajara, un equipo que jugando de local siempre ha sido letal. Hoy había que sacar un buen resultado en teritorio mexicano y, como todos vimos, se logró.
El partido empezó con evidencias de que el magno Estadio Azteca tenía hinchas que fueron a alentar a su equipo, aunque no estuviese lleno el recinto: unos “¡ole!” incomprensibles y algunas pifias cada vez que un jugador azul tocaba la pelota. Las acciones se equipararon y ninguno de los dos clubes podía otorgar profundidad. Victorino, como pilar de la defensa de la U, contenía muy bien a las Chivas, sin darles posibilidad para un gol, mientras Bautista y Bravo se peleaban entre ellos ante los irresolutos ataques. Así, terminó un discreto primer tiempo.
El segundo tiempo empezó un poco más movido. A los 47 explotó el grito azul gracias a un gol de cabeza de Rafael Olarra, tras un pase preciso de Juan Manuel Olivera, pero a los 51 Arellano pondría el empate para las Chivas, tras un córner dudoso, más bien un grosero error del línea. Después de una serie de cambios en los dos equipos, el partido fue perdiendo su intensidad y la Universidad de Chile fue echándose gradualmente para atrás, aguantando la presión mexicana en manos de las asombrosas tapadas de Miguel Pinto.
El encuentro no estuvo maravilloso ni mucho menos, pero el equipo universitario jugó, atacó y defendió, como debía hacerlo. Todos y cada uno de los leones mostraron sus garras y lograron sacarle un satisfactorio empate a un equipo siempre complicado de visita, el que había ganado por una diferencia de tres goles a sus dos rivales anteriores. Un satisfactorio empate de oro, de oro azul…
Ahora, lo único que falta es abrochar de local en un Estadio Nacional remodelado, en un Santiago de Chile que seguramente tendrá a todos los hinchas de esta Universidad de Chile, que hoy se vistió como el Ballet Azul, expectantes y esperanzados, confiados en un histórico paso a la final de la Copa Libertadores.
¡Vamos la U, vamos leones que la gloriosa final está cerca!
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